La gran cárcel neoliberal europea.

En los días que vivimos parece no haber salida al régimen económico dominante. Los partidos a ambos lados del espectro político continuan hipnotizados por el pensamiento neoliberal y la alternancia de gobiernos en los diferentes parlamentos europeos no refleja ningún cambio en las directrices de la política económica. Prueba de ello es que conservadores y socialdemócratas van  de la mano en alrededor del 80% de las votaciones del Parlamento Europeo.

Las instituciones europeas se han convertido en una cárcel neoliberal, firmemente custodiada por el alcaide alemán, que gobierna con mano de hierro y castiga sin piedad a los ciudadanos presos de sus políticas. Cualquier miembro que ose ir contra el status quo es rápidamente acosado y doblegado, como ya vimos con el flagrante caso de Grecia.

Vamos a ver como las principales medidas que la ideología dominante nos vende como la salvación a todos los problemas y la vía más rápida para atajar cualquier crisis que acontezca, tienen como único objetivo la utilización de las instituciones públicas para favorecer los intereses de los grandes grupos empresariales y financieros a los que rinden pleitesía.

  • Privatizaciones, en toda aquella empresa o servicio público que sea susceptible de generar beneficios (o prácticamente un país entero, como es el caso de Grecia), allí estarán nuestros dirigentes para convencernos de que lo ideal es regalarlo o malvenderlo a una empresa privada para que lo gestione y extraiga todo lo positivo que pueda. Si por el contrario es una gran empresa privada la que quiebra, serán las instituciones públicas las que rápidamente saldrán al rescate para inyectarle fondos (de los que nos dicen que no hay cuando se necesita para las familias o las pequeñas empresas). En cuanto se haya saneado con dinero público y pueda dar beneficios de nuevo, ya estará lista para envolverla con papel de regalo de vuelta al sector privado.
  • Recortes del gasto, que originan un deterioro de servicios públicos cruciales como la sanidad y la educación. Esto provoca que los ciudadanos que quieran y se lo puedan permitir, acudan a buscar en empresas privadas lo que las administraciones no les ofrecen, abultando el volumen de negocio de dichas entidades. Por el contrario, los más desfavorecidos se verán privados de dichas prestaciones básicas con todo lo que ello supone.
  • Reformas laborales, destinadas a socavar los derechos y retribuciones de los trabajadores en favor de los beneficios empresariales, hecho que alimenta la creciente precariedad que caracteriza al panorama laboral actual (la transferencia de rentas salariales hacia las rentas del capital es innegable desde hace ya bastantes años).
  •  Deterioro de los sistemas de pensiones públicas, que de nuevo invitan a contratar planes de pensiones privados a los miembros pudientes de la sociedad. Noticia esta de gran agrado para las entidades financieras.

En resumen, políticas destinadas a castigar a la clase trabajadora, a los jóvenes, a los dependientes y a las pequeñas y medianas empresas, en favor de los intereses de grandes empresas multinacionales. Para los dirigentes neoliberales europeos y españoles, el Estado no debe interferir en la economía garantizando el acceso a servicios públicos ni regulando en favor de los ciudadanos, por lo que tratan de demonizarlo y reducir al máximo sus competencias.

En principio todo lo anterior no parece plato de buen gusto para el común de los mortales, pero está todo controlado. Para que la ciudadanía acepte, e incluso defienda en algunos casos, la aplicación de estos salvajes programas en contra de sus intereses, es necesario un intermediario, los medios de comunicación, así como los expertos que tratan de alumbrar nuestro camino desde ellos, que intentan sin cesar que adoptemos como propio su discurso, asumiendo que no hay otra opción, tal y como aseguraba el famoso y repetido mantra neoliberal del “No hay alternativa”  (TINA, There Is No Alternative) puesto en escena por Margaret Thatcher en los años 80 y que sigue de actualidad en los carteles de la política económica con igual o mayor fuerza del que gozaba en sus días de estreno.

De esta manera, vemos como los ciudadanos se resignan a convivir con unas tasas de desempleo insoportables, a que los jóvenes carezcan de perspectivas dignas de futuro, a que los que siguen trabajando lo hagan en condiciones cada vez más precarias, a que los investigadores tengan que salir de España por la falta de inversión en I + D o a ver como familias enteras tienen que subsistir con la pensión de jubilación de uno de sus miembros, y todo esto por poner sobre la mesa sólo varias de las consecuencias más dañinas.

En este momento cabe preguntarse, ¿cuando podremos tomar conciencia de que estamos presos en dicha cárcel y como podemos salir de ella?.

Escribía Karl Polanyi en su obra más relevante, “La gran transformación”, a mediados del siglo pasado:

“…los países que se oponen al status quo por razones propias son capaces de descubrir con rapidez las debilidades del orden institucional existente y de plantearse la creación de instituciones mejor adaptadas a sus intereses”.

Entendidos los intereses de un país como el conjunto de medidas que beneficien a la mayoría de las personas  de una nación (o conjunto de ellas) y a su medio natural, no parece que se vea ninguna iniciativa política con la suficiente capacidad como para oponerse al status quo que actualmente se impone desde Europa, con el Banco Central Europeo y el Pacto de Estabilidad y Crecimiento actuando como arietes principales contra el bienestar y los derechos de la ciudadanía.

Urge por tanto, armar una alternativa al neoliberalismo, que las mayorías sociales comprendan y sean capaces de exigir a sus opciones políticas. Es ahí donde la Teoría Monetaria Moderna entra en juego, no como ideología, sino como herramienta. La MMT (como se la conoce mayoritariamente, por su siglas en inglés) nos explica como funcionan los sistemas monetarios, la necesidad de coordinar política monetaria y política fiscal, la consecución del pleno empleo y la estabilidad de precios, entre otras muchas cuestiones que iremos desgranando poco a poco desde estas líneas. La MMT puede constituir la base que posibilite el cambio de paradigma y que de una vez por todas las instituciones públicas generen políticas dirigidas al bien común.

Ello no va ser fácil, y como primer paso es primordial que el mayor número de personas conozca su existencia y contribuya tanto a su desarrollo como a su expansión por los diferentes colectivos. Llegados a este punto, es inevitable mencionar a una asociación que se ha constituido en España para promover la difusión de la MMT y comenzar a abordar la tarea que se ha planteado anteriormente.

Esta organización se llama RedMMT y podéis seguirla tanto por su web (http://www.redmmt.es/) como por sus perfiles en la principales redes sociales (Facebook, Twitter y Youtube).

Hasta pronto.

 

El economista de Schrödinger

Muchas de las personas que leáis este artículo, habréis oído hablar del experimento mental que el físico Erwin Schrödinger formulara en 1935, utilizando a un gato metido en una caja en la que había un detonador que podía liberar un gas venenoso, de tal forma que podía ser o no activado. Sin entrar en las complejidades de la física cuántica que nos desviarían del tema que nos ocupa y que no vienen al caso, diremos que el experimento del Gato de Schrödinger venía a plantear que a nivel cuántico, el gato estaría vivo y muerto a la vez hasta que el observador abriese la caja. Dicha intervención ya de por sí afectaría al resultado y determinaría si el gato estaba en un estado u otro una vez abierta. Aún así, esta es solo una de las interpretaciones de la paradoja planteada por el físico austriaco.

A fin de cuentas, y dejando de lado la vertiente científica, esta paradoja del Gato de Schröndinger a menudo se utiliza para invocar a una persona que pudiera hacer (o decir) una cosa y la contraria a la vez y justo para esto es para lo que hemos traído este ejemplo hasta aquí, para visibilizar a una especie que abunda en nuestra sociedad y que se reproduce en las facultades de economía para propagar sus teorías contradictorias por todos los medios habidos y por haber.

La  escuela económica neoclásica (base fundamental de las medidas neoliberales) es prácticamente la única que se enseña en la Universidad y cuyo discurso adoptan los estudiantes que la cursan, futuros dirigentes de administraciones públicas y empresas privadas responsables del devenir económico, social y medioambiental del mundo en el que vivimos. Dentro de este conjunto de personas que estudian economía, las habrá de distintas ideologías y con diferentes propósitos,  dispuestas a poner en práctica sus aprendizajes en ámbitos muy dispares.

Si Jose Luis Sampedro llevara razón cuando apuntaba a que existen dos tipos de economistas, “los que trabajan para hacer más ricos a los ricos y los que lo hacen para hacer menos pobres a los pobres”, es posible que al proporcionarles a ambos la misma formación, las mismas herramientas, sea uno de los dos grupos el que se vea incapacitado para conseguir sus propósitos. Por decirlo de otra manera, si le damos unas tijeras como utensilio de trabajo a un sastre y a un leñador, éstas le vendrán muy bien al primero, pero serán casi inútiles para el desempeño diario del segundo.

Llegados a este punto, algún malpensado podría preguntarse que si la economía neoclásica estuviera diseñada para favorecer los intereses de los más poderosos y ésta es la única que se imparte a los estudiantes, ¿que clase de argumentos va a tener un economista que, teniendo la voluntad de ayudar a los más desfavorecidos, sólo haya aprendido los postulados neoclásicos?. Sería como un leñador que intentase talar árboles con unas tijeras como herramienta, estaría incapacitado.

De esta manera hemos llegado a conocer al economista que trata de solventar determinados problemas ofreciendo  soluciones contrapuestas a los fines que persigue, es el Economista de Schröndinger* y su existencia es debida, mayoritariamente, a la falta de pluralidad en la facultades de Economía, hecho que denunciamos desde esta líneas con total vehemencia.

Los economistas de Schröndinger son bienintencionados y honrados en la mayoría de los casos que conozco, pero eso no les exime de una responsabilidad que no es cuestión menor. Al llevar una mochila intelectual en desacuerdo con sus principios, frecuentemente proponen medidas ineficaces a los problemas que tratan de abordar.

Es imposible combatir los efectos negativos que las políticas neoliberales causan, aplicando las recetas (igualmente neoliberales) que los originan. Por desgracia, muchos de los paladines de la lucha obrera, de los movimientos antiglobalización, ecologistas, por supuesto los responsables económicos de las organizaciones de izquierda y los periodistas o referentes intelectuales progresistas en materia económica, arrastran el lastre mencionado.

Por increíble que parezca, nos podemos encontrar que altos representantes de los sindicatos mayoritarios rechacen planes para acabar con el desempleo y la precariedad porque piensan que podrían producir inflación o a gobernantes que quieren recuperar la economía hundiendo los ingresos de la clase trabajadora mediante reformas laborales que propugnan abaratar el despido y  bajar los salarios, con el consiguiente impacto en la disminución de la demanda interna.

Estas son sólo algunas de las constataciones más flagrantes de la incapacidad que tienen los Economistas de Schröndinger para ofrecer respuestas a los problemas latentes en la actualidad. No es de extrañar por tanto, que desilusionados con los partidos tanto de derecha como socialdemócratas, que sólo ofrecen medidas neoliberales, los votantes a ambos lados del Atlántico se echen desesperados en brazos de las promesas económicas de gente como Le Pen o Trump, por muy detestable que resulte el resto de su discurso.

Por tanto, cabe preguntarse ahora si serán capaces los economistas de Schröndinger de deshacerse de su mochila neoclásica para colgarse una adecuada a los fines que persiguen. Esperemos que así sea  y que la Teoría Monetaria Moderna y los fundamentos de la Hacienda Funcional formen parte de ese nuevo equipamiento, porque la degradación del planeta y de las condiciones de vida de los más desfavorecidos siguen agravándose y no sabemos hasta cuando podrán esperar.

*El término Economista de Schröndinger fue una ocurrencia en una conversación informal de mi amigo y compañero Esteban Cruz. Tanto me gustó el concepto que no he podido evitar la tentación de desarrollarlo en el este artículo.

Entrevistas a Pavlina Tcherneva.

En esta ocasión vamos a continuar abordando la manera de acabar con el desempleo  y para ello vamos a compartir las entrevistas que le hicieron a Pavlina Tcherneva tanto Andrés Villena Oliver para CTXT como Miguel Carrión Álvarez para El Diario.

Coincidiendo con su participación en el evento“MMT. Desempleo Cero”, organizado por nuestra asociación Red MMT el pasado mes de Enero en el Círculo de Bellas Artes en Madrid, Pavlina volvió a destacar que el desempleo es una decisión política y que se puede combatir de manera directa y eficaz a través de los planes de Trabajo Garantizado.

Como ella es una de las investigadoras más importantes  de la Teoría Monetaria Moderna y especialmente dentro del ámbito del Trabajo Garantizado, no puedo hacer nada mejor que invitaros a disfrutar de estas interesantes publicaciones.

¿Hasta cuando vamos a seguir aceptando que haya gente que quiera trabajar y no pueda hacerlo?.

 

http://ctxt.es/es/20170201/Politica/10853/RBU-trabajo-garantizado-neoliberalismo-teoria-monetaria-moderna.htm

http://www.eldiario.es/economia/desempleo-enormes-comparado-salario-garantizado_0_605440259.html

Pleno empleo, ¿realidad o ficción?.

Vamos a comenzar la entrada citando al presidente de los Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt,  que hablaba del desempleo en estos términos allá por los años de 30 del pasado siglo “Ningún país, sin importar su riqueza, puede permitirse el derroche de sus recursos humanos. La desmoralización causada por el desempleo masivo es nuestra mayor extravagancia. Moralmente, es la mayor amenaza a nuestro orden social”.

El pleno empleo se produce cuando toda aquella persona que quiere y puede desarrollar una actividad remunerada lo consigue, bien sea en el sector privado o en el público. Esta situación, que ni los más antiguos recordaran en nuestro país, se ha producido a lo largo de la historia en diferentes momentos y lugares, sin embargo, hablar de ello en la actualidad con tasas de paro superiores al 20% desde hace casi una década, parece una meta inalcanzable, una utopía.

Basta con ver cualquier informativo, ya sea de televisión o radio, o repasar casi cualquier periódico, para darse cuenta  de que aunque siga sin solucionarse el elevadísimo nivel de desempleo, que probablemente sea el mayor problema que nos acucia, ya no se habla apenas de ello. Parece como si nos hubiéramos acostumbrado y se aceptara como un mal que no tiene solución y con el que tenemos que convivir.

Pero, ¿es que acaso no se pueden tomar medidas para reducir el desempleo? , ¿se están aplicando pero no funcionan? ¿o es que se rechaza el pleno empleo por motivos ideológicos?.

Vamos a ver el enfoque que se le da a este tema desde diferentes ópticas:

Según la Escuela Neoclásica,  el pensamiento económico dominante actualmente, de donde nacen muchas de la políticas neoliberales que configuran las medidas adoptadas por lo gobernantes españoles y europeos,  se sostiene que un determinado nivel de desempleo es necesario para tener controlada la inflación. Lo que en términos técnicos se conoce como NAIRU (Non-Accelerating Inflation Rate of Unemployment o Tasa de desempleo no aceleradora de la inflación). Defienden que existe un nivel de ocupación dado, que si se rebasa provoca el aumento de los precios y por lo tanto, no es deseable hacerlo. Es decir, utilizan el empleo, el medio que los ciudadanos tienen para conseguir sus ingresos y atender sus necesidades vitales, como una herramienta para controlar los precios. A todas luces, una salvajada, pero totalmente aceptada a nivel académico y también político.

Paralelamente, la existencia de este ejército de reserva de desempleados necesarios para controlar la inflación, lleva implícito otro efecto nada deseable para la clase trabajadora: el miedo a quedarse sin ingresos, causante de que en determinadas ocasiones se acepten condiciones precarias para mantener el puesto de trabajo. Esto desaparece en una situación de pleno empleo, cuando el Estado pone en marcha programas de Trabajo Garantizado, ya las personas tienen la tranquilidad de que podrán trabajar siempre que lo deseen.

Este es uno de los efectos de la falta de pluralidad en los programas de estudio de las facultades de economía españolas (y de casi todos los países), en las que sólo se enseñan los postulados económicos neoclásicos. Como se dice popularmente “de aquellos polvos vienen estos lodos”.

Por otro lado, desde la Teoría Monetaria Moderna, encuadrada dentro de la Escuela Económica Postkeynesiana,  se propone que un país con soberanía monetaria (ya vimos que significa en la entrada anterior), puede poner en marcha Planes de Trabajo Garantizado (TG) en los que el Estado garantice un empleo digno e indefinido a toda aquella persona que quiera trabajar y no encuentre una oportunidad en el sector privado, actuando como empleador de último recurso.

De esta forma, además de combatir el desempleo y el deterioro personal y económico que le supone a las personas la falta de ingresos, el Gobierno adquiere la capacidad de realizar actividades necesarias y rentables socialmente, que el sector privado no cubre por no ser susceptibles de producir beneficios empresariales. Trabajos en el ámbito del cuidado al medio ambiente, del cambio hacia un modelo energético sostenible, la reorientación del modelo productivo, la investigación y desarrollo, los cuidados de personas dependientes o multitud de necesidades educativas complementarias no satisfechas actualmente, podrían ser algunos destinos de los participantes en los planes de Trabajo Garantizado.

Otro de los aspectos positivos del TG es su capacidad para luchar contra la precariedad laboral. Al ofrecerse desde el Estado un empleo seguro y con un salario aceptable, nadie se verá obligado a aceptar condiciones laborales indignas en el sector privado.

Estas medidas ya se han aplicado, aunque de forma parcial, en algunos países con resultados satisfactorios (como el programa Jefes de Hogar en Argentina), pero en la actualidad, sobre todo a nivel europeo, parece algo muy remoto y fuera de las prioridades de la mayoría de políticas de empleo existentes. Por ello, y dada la dramática situación española en el mundo laboral, es necesario que la ciudadanía conozca que existen propuestas para combatir la falta de empleo y la precariedad, para poder exigirlas a la clase política.

Nos quedaría por abordar el tratamiento de la inflación desde el punto de vista de la Teoría Monetaria Moderna, pero eso lo veremos en las próximas entradas. No obstante, podemos adelantar que ésta no aumentará mientras que existan recursos reales ociosos (desempleados por ejemplo), dado que es un fenómeno real y no monetario como defiende la teoría neoclásica convencional.

Finalizando ya,  y para continuar con los dichos populares, nos encontramos con uno que dice “Cuando se quiere hacer algo se busca un medio y cuando no se quiere hacer se encuentra una excusa”, que en el caso del desempleo nos sirve para preguntarnos ¿es el Trabajo Garantizado el medio para acabar con él y la NAIRU la excusa para mantenerlo?.

Piensen y juzguen ustedes mismos.

 

 

¿Hay alternativa al modelo económico actual?

A menudo nuestros dirigentes, bien sea a través de sus declaraciones o bien mediante los mensajes que nos hacen llegar desde los medios de comunicación afines a ellos, nos plantean una y otra vez que aunque el sistema económico actual (el neoliberalismo según vimos en la entrada anterior) tenga fallos y no resuelva adecuadamente los problemas, no hay otra alternativa, o si la hubiera sería un absoluto desastre el que se nos vendría encima. A esta forma de actuar se la conoce como la falacia del falso dilema y es un medio de manipulación muy potente. Consiste en plantear solo dos alternativas, generalmente la que se trata de defender y otra opuesta presentada como indeseable, ocultando premeditadamente otras posibilidades que pudieran resultar incómodas.

En el campo de la política económica, constantemente se admite que aunque las políticas de austeridad tengan efectos nocivos, es necesario aplicarlas porque son la única vía para salir de la crisis. El famoso TINA (There is not alternative) de Margaret Thatcher. Sin embargo, esto es rotundamente falso y sí que existen otros caminos para resolver los problemas que nos acucian.

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En la actualidad, uno de los ejemplos más claro de manipulación a través de la falacia del falso dilema, es la conveniencia o no de formar parte del euro. A pesar de que este debate  está enterrado en España, cuando se habla sobre ello es para señalar que debemos seguir las indicaciones que vienen de Bruselas (austeridad, recortes, reformas laborales, etc…) porque si no lo hacemos y salimos del euro, la situación se tornaría insostenible y sería el caos económico y social. Pero, ¿es esto cierto?, ¿sólo existen estas dos alternativas?

Por supuesto que no.

Para que una economía funcione y sea capaz de responder a problemas como el desempleo, la inflación y la desigualdad entre muchos otros,  serían necesarios, al menos, dos requisitos:

  1. Disponer de soberanía monetaria: este hecho se produce cuando un país crea la moneda que se utiliza en su territorio, en la cual se pagan los impuestos y en la que gastan administraciones, familias y empresas. Por ejemplo, Estados Unidos crea los dólares que se utilizan allí y no tiene que pedirlos a nadie, pueden crear todo el dinero que el Gobierno necesite. Sin embargo, los países que no crean su moneda, como es el caso de España y de todos los países que pertenecen a la zona euro, ven limitadas sus posibilidades de financiación al dinero que puedan recaudar por impuestos o que le presten terceros, generalmente a través de la emisión de deuda pública.

2. Coordinación entre las políticas fiscal y monetaria: en los países con soberanía monetaria, generalmente el Banco Central (que controla la política monetaria) y el Gobierno del Estado (que diseña y ejecuta la política fiscal) trabajan de forma conjunta y coordinada para alcanzar los objetivos fijados. No es el caso de la Eurozona, donde el Banco Central Europeo, con el único objetivo de estabilizar la inflación (el cual ni siquiera consigue) actúa bajos su propio criterio y sin tener en cuenta los planes fiscales de cada uno de los gobiernos de los países miembros.

En la actualidad se nos hace pensar que no hay dinero para hacer inversiones públicas de ningún tipo. Infraestructuras, ayudas a la I + D, educación, sanidad, dependencia, cambio de modelo productivo y energético, trabajos en el sector público y una larga lista de actuaciones y proyectos se ven sin financiación porque supuestamente “no hay dinero”. Sin embargo, el Banco Central Europeo lleva más de un año creando entre 60.000 y 80.000 millones de euros al mes para comprar activos financieros, generalmente deuda pública en manos del sector bancario, que aunque han ayudado a bajar la prima de riesgo, principalmente benefician a bancos y grandes empresas sin afectar al ciudadano de a pie.

Por lo tanto, dinero si que hay, ya que los bancos centrales pueden crear de la nada todo el que sea necesario, lo que no hay es voluntad política para que  estos recursos acaben en la economía real y contribuyan a resolver los problemas que la mayoría de los ciudadanos padecen en su día a día.

Dicho esto, sólo nos queda responder a la pregunta inicial. Sí que existe una alternativa a las políticas neoliberales y provienen de la Teoría Monetaria Moderna (TMM o MMT según sus siglas en inglés) y la Hacienda Funcional, cuyos principios son muy sencillos de entender y hemos empezado a esbozar hoy. En futuras entradas seguiremos abordando esta cuestiones.

 

 

 

 

¿Que ideología dirige la economía en la actualidad?.

Seguramente, si se preguntara esta cuestión por la calle, muchas personas no sabrían que contestar o, al menos, no sabrían identificar con claridad la respuesta adecuada. Por ello, antes de seguir con la exposición os animo a que os detengáis unos segundos a pensar cual sería vuestra respuesta (y os recomiendo que no sigáis leyendo hasta haberlo hecho).

Ahora, para ir situando la cuestión y contextualizar el tema a tratar, vamos a realizar un breve repaso histórico que nos ayudará a comprender mejor la dinámica económica actual.

Años 30. Tras el impacto del crack bursátil de 1929 que hundió las bolsas de valores estadounidenses, se inició la etapa conocida como la Gran Depresión. Para superar los devastadores efectos que estaban asediando a la población (desempleo masivo, empobrecimiento, etc…) el presidente Franklin Delano Roosvelt comenzó a aplicar una serie de medidas económicas paliativas inspiradas por el economista John Maynard Keynes. Al conjunto de actuaciones llevadas a cabo en estos años se le llamó “New Deal” y fué el comienzo del keynesianismo, cuyo objetivo primordial fue la consecución del pleno empleo y la estabilidad de precios. Para alcanzar dicha meta, el Estado jugaba un papel protagonista en la economía a través del gasto público y la política fiscal, que trataban de resolver los problemas que el devenir del libre mercado producía. Esto condujo a varias décadas de crecimiento económico, con mayor calidad de servicios públicos, reducción de la pobreza, etc… que se materializaron en el denominado Estado del Bienestar y dieron lugar a los “años dorados del capitalismo”, transcurridos desde después de la Segunda Guerra Mundial hasta finales de los años 60.

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Años 70. Durante las décadas anteriores, los trabajadores habían ido ganando derechos y poder de negociación. La situación cercana al pleno empleo hacía posible que hubiese menos miedo a ser despedido y una mayor libertad para rechazar condiciones laborales indignas. Además, el Estado empezaba a garantizar servicios públicos de calidad como sanidad, educación o pensiones, que desincentivaban a contratar dichos servicios de manera privada. Estos factores, a pesar de que generaban una creciente demanda, eran incómodos para grandes empresas que tenían que aceptar mejores condiciones laborales para los empleados, lo que significaba una minoración de sus beneficios.

Hasta entonces, la ideas de ciertos académicos como Hayek, Von Mises, o posteriormente Milton Friedman, que abogaban por confiar al libre mercado la marcha de la economía, la destrucción de los sindicatos, la reducción al máximo de la intervención del Estado en los asuntos económicos, la liberalización y desregulación de los mercados o las privatizaciones, eran intrascendentes y minoritarias. Sin embargo, cuando las élites empresariales detectaron que podían servir muy bien a sus intereses empezaron a financiar a sus propulsores, crear fundaciones y centros de pensamiento, apadrinar programas de investigación académica, darles visibilidad en medios de comunicación e instigar a organizaciones políticas a adoptarlas.

De manera que cuando a principios de los años 70 del siglo pasado la economía entró en crisis, y los gobernantes del momento fueron presionados a cambiar de rumbo, la alternativa ya estaba preparada. Había nacido el Neoliberalismo.

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El primer experimento neoliberal fué en la dictadura de Pinochet en Chile, a partir de 1973, en estrecha colaboración con el economista estadounidense Milton Friedman y un grupo de discípulos suyos de la Universidad de Chicago, los conocidos como Chicago Boys.

Ya a principios de los años 80, el neoliberalismo tomó su impulso definitivo para convertirse en la corriente hegemónica que hoy es, gracias a que fue  abrazado por parte de Ronald Reagan en Estados Unidos y de Margaret Thatcher en el Reino Unido. Ambos profundizaron en la aplicación de medidas neoliberales que fueron desarmando a los trabajadores de sus derechos y empobreciéndolos paulatinamente (valga como muestra la  guerra de la Dama de Hierro con los sindicatos mineros), junto con la amputación del Estado como actor principal de la economía. Las privatizaciones, liberalizaciones y la desregulación, fueron las armas principales para llevar a cabo dicha tarea. De esta manera, y simplificando bastante el proceso, podríamos decir que el Estado y los trabajadores, además de autónomos y pequeñas empresas, fueron perdiendo progresivamente su poder a favor de las grandes corporaciones empresariales.

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Principios del siglo XXI.

En este entorno, en el que la mayor parte de la población había visto reducida su capacidad de consumo y la inversión empresarial se estaba viendo amenazada, era muy complicado que se pudieran mantener largos períodos de crecimiento económico como en las décadas anteriores. Para solventar este escollo se recurrió a desregular el sistema financiero, lo cual hizo posible que los agentes económicos se endeudaran de forma masiva y muy por encima de lo que hubiera sido razonable.

Si a esto le unimos que la estabilidad económica se había delegado por completo a los designios del libre mercado, y el Estado cada vez jugaba un papel más residual en el tablero económico, no es de extrañar que pasará lo que pasó, la Crisis Financiera Global acontecida en 2008 tras la caída del banco de inversión Lehman Brothers y la crisis de las hipotecas subprime. En ese momento, en el que el sistema se había desmoronado, hubiera parecido acertado cambiar las reglas, pero sólo hubo algunos tímidos intentos que quedaron en nada como las manidas declaraciones del entonces presidente francés, Nicolas Sarkozy, en las que manifestaba que “había que refundar el capitalismo”.

Lo que pasó, y sigue pasando, es que no hubo una alternativa con la suficiente fuerza para reemplazar al nefasto paradigma neoliberal, y la pregunta ahora es: ¿existe dicha alternativa?, y podríamos añadir esta otra: ¿estará preparada para cuando estalle otra gran crisis?.

Estas preguntas, así como una mayor profundización en la historia y efectos del neoliberalismo, vistos hoy de forma demasiado somera, serán abordados en las próximas entradas del blog.

Por cierto, la respuesta a la pregunta que encabeza el artículo, efectivamente y como ya todos imaginaréis, es el Neoliberalismo.

Dosis económicas para combatir los males que aquejan a la sociedad y el medio ambiente.