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¿Hay alternativa al modelo económico actual?

A menudo nuestros dirigentes, bien sea a través de sus declaraciones o bien mediante los mensajes que nos hacen llegar desde los medios de comunicación afines a ellos, nos plantean una y otra vez que aunque el sistema económico actual (el neoliberalismo según vimos en la entrada anterior) tenga fallos y no resuelva adecuadamente los problemas, no hay otra alternativa, o si la hubiera sería un absoluto desastre el que se nos vendría encima. A esta forma de actuar se la conoce como la falacia del falso dilema y es un medio de manipulación muy potente. Consiste en plantear solo dos alternativas, generalmente la que se trata de defender y otra opuesta presentada como indeseable, ocultando premeditadamente otras posibilidades que pudieran resultar incómodas.

En el campo de la política económica, constantemente se admite que aunque las políticas de austeridad tengan efectos nocivos, es necesario aplicarlas porque son la única vía para salir de la crisis. El famoso TINA (There is not alternative) de Margaret Thatcher. Sin embargo, esto es rotundamente falso y sí que existen otros caminos para resolver los problemas que nos acucian.

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En la actualidad, uno de los ejemplos más claro de manipulación a través de la falacia del falso dilema, es la conveniencia o no de formar parte del euro. A pesar de que este debate  está enterrado en España, cuando se habla sobre ello es para señalar que debemos seguir las indicaciones que vienen de Bruselas (austeridad, recortes, reformas laborales, etc…) porque si no lo hacemos y salimos del euro, la situación se tornaría insostenible y sería el caos económico y social. Pero, ¿es esto cierto?, ¿sólo existen estas dos alternativas?

Por supuesto que no.

Para que una economía funcione y sea capaz de responder a problemas como el desempleo, la inflación y la desigualdad entre muchos otros,  serían necesarios, al menos, dos requisitos:

  1. Disponer de soberanía monetaria: este hecho se produce cuando un país crea la moneda que se utiliza en su territorio, en la cual se pagan los impuestos y en la que gastan administraciones, familias y empresas. Por ejemplo, Estados Unidos crea los dólares que se utilizan allí y no tiene que pedirlos a nadie, pueden crear todo el dinero que el Gobierno necesite. Sin embargo, los países que no crean su moneda, como es el caso de España y de todos los países que pertenecen a la zona euro, ven limitadas sus posibilidades de financiación al dinero que puedan recaudar por impuestos o que le presten terceros, generalmente a través de la emisión de deuda pública.

2. Coordinación entre las políticas fiscal y monetaria: en los países con soberanía monetaria, generalmente el Banco Central (que controla la política monetaria) y el Gobierno del Estado (que diseña y ejecuta la política fiscal) trabajan de forma conjunta y coordinada para alcanzar los objetivos fijados. No es el caso de la Eurozona, donde el Banco Central Europeo, con el único objetivo de estabilizar la inflación (el cual ni siquiera consigue) actúa bajos su propio criterio y sin tener en cuenta los planes fiscales de cada uno de los gobiernos de los países miembros.

En la actualidad se nos hace pensar que no hay dinero para hacer inversiones públicas de ningún tipo. Infraestructuras, ayudas a la I + D, educación, sanidad, dependencia, cambio de modelo productivo y energético, trabajos en el sector público y una larga lista de actuaciones y proyectos se ven sin financiación porque supuestamente “no hay dinero”. Sin embargo, el Banco Central Europeo lleva más de un año creando entre 60.000 y 80.000 millones de euros al mes para comprar activos financieros, generalmente deuda pública en manos del sector bancario, que aunque han ayudado a bajar la prima de riesgo, principalmente benefician a bancos y grandes empresas sin afectar al ciudadano de a pie.

Por lo tanto, dinero si que hay, ya que los bancos centrales pueden crear de la nada todo el que sea necesario, lo que no hay es voluntad política para que  estos recursos acaben en la economía real y contribuyan a resolver los problemas que la mayoría de los ciudadanos padecen en su día a día.

Dicho esto, sólo nos queda responder a la pregunta inicial. Sí que existe una alternativa a las políticas neoliberales y provienen de la Teoría Monetaria Moderna (TMM o MMT según sus siglas en inglés) y la Hacienda Funcional, cuyos principios son muy sencillos de entender y hemos empezado a esbozar hoy. En futuras entradas seguiremos abordando esta cuestiones.